El fin de la interfaz

El fin de la interfaz

Transcripción íntegra de la conferencia de Javier Cañada en el Instituto Tramontana, en febrero de 2024. Puedes escuchar la charla en formato podcast o leer su contenido íntegro. Al final del texto, puedes conversar sobre estas ideas.

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01

Mi familia, ferrocarril y correo postal

Me crié en un pequeño pueblo del interior de Mallorca.

Mi abuelo había sido el jefe de la estación del tren hasta que en el 66 desmantelaron la red ferroviaria de la isla.

Años después, mi padre fue el cartero de ese mismo pueblo. La oficina de correos era una salita a la entrada de nuestra casa. Por las tardes, ayudaba a mi padre franqueando (sellando) la correspondencia que habían dejado en los buzones del pueblo.

Ferrocarril y correo postal.

Curiosamente fue esa combinación la que hizo posible el primer comercio a distancia, a finales del s.XIX, en Estados Unidos. Un comerciante llamado Montgomery Ward creó un catálogo que mandaba por correo a las zonas rurales de USA. Los campesinos hacían sus pedidos a vuelta de correo y el ferrocarril les entregaba sus encargos: muebles, decoración, herramientas…

Categorizaba los productos por tipo de usuario, zona de la casa y hasta necesidad. ¡Y daba 90 días de prueba con devolución gratuita!

Qué interesantes los cruces de tecnologías, ¿verdad?

02

Adolescencia y dispositivos

Mi adolescencia transcurrió entre los 80 y los 90.

Vivíamos fascinados por la tecnología, hipnotizados por la sensualidad de cada nuevo gadget:

El Spectrum
Los walkmans y los equipos estéreo
Las maquinitas de Nintendo y después la Game Boy
Los aparatos de vídeo
Los televisores TV Trinitron

A las puertas del 2000 la tecnología era una fiesta de color y optimismo. Quizás lo recuerdes:

Los discman de colores y el MiniDisc
La Game Boy Color
La PDA Handspring
Los Nokia y sus carcasas de miles de colores y diseños
Los Casio
El iMac de Apple

Nos definíamos por los dispositivos que usábamos.

03

El japonés y la piel

Hace unos años le escuché a un japonés una teoría interesante en este sentido. Fue en una charla en el IED y de todo lo que contó me quedé con esta idea. Me impactó tanto que hasta me olvidé del nombre del tipo. De hecho ayer estuve tres horas tratando de dar con él sin éxito.

La teoría decía que…

Cuanto más cerca de nuestra piel está un dispositivo, más querremos que exprese nuestra personalidad.

Nos importa dos pimientos el aspecto de una aspiradora o de un aparato de aire acondicionado, pero elegimos joyas y ropa que expresen lo que queremos proyectar.

Si lo vemos en un vector de cercanía, tenemos la ropa, las joyas y adornos… los tatuajes. Quizás los ordenadores, con sus pegatinas, las mochilas o los bolsos. Algo más lejos, los coches, motos o bicis, las casas, y después un cúmulo de cosas que usamos menos: herramientas, aparatos de cocina, etc.

04

La llegada del iPhone: un color, una forma, un dispositivo

Sin embargo, en 2007 llega el iPhone y esa plétora de tecnologías se concentra en una sola.

El rectángulo negro.

Fue como si una multitud de planetas y estrellas fuesen absorbidos por un agujero… negro. Una concentración de funcionalidad y oscuridad infinita.

Una TV, una cámara de vídeo, un walkman y mil cosas más.

De muchos dispositivos pasamos a uno solo.
De muchos colores pasamos a uno solo.
De muchas formas pasamos a una sola.

El iPhone es impersonal. Tanto que es común que alguien se lleve uno que no es suyo por error.

La teoría del japonés se vino abajo con el smartphone.

05

Dice McLuhan…

Marshall McLuhan tenía dos dones: enunciaba teorías asombrosas y lo hacía sentenciando con mucha elegancia.

Una de las más poderosas dice que cambiamos la tecnología y esta, de vuelta, nos cambia a nosotros.

La unión de funcionalidades del iPhone hizo posibles usos más allá de lo que podían hacer los dispositivos anteriores. La suma fue mayor que las partes.

La manera en que interpretamos el territorio, con una conexión satelital y todos los mapas del mundo en el bolsillo, ha cambiado el terreno. ¡Y hasta nuestro urbanismo!

Piensa, por ejemplo, cómo hemos reinterpretado la TV: de docenas de canales a docenas de miles de youtubers contando cosas interesantes. O Instagram, o TikTok.

La idea me recuerda a Corbusier y su primer viaje en avión en los años 20, que tan bien contado está en el libro Aircraft. Ver París desde el aire, desde arriba, tuvo un efecto casi de epifanía en el arquitecto. La planta de la ciudad le pareció fea, desestructurada, y desde ese momento decidió que no sólo iba a intervenir en la escala del edificio, sino que había que hacerlo a nivel urbanístico.

Creamos el avión para mejorar el transporte, pero de vuelta nos cambió el urbanismo.

Otro de los conceptos de McLuhan es el efecto retrovisor: al inicio de una nueva tecnología, la usamos para solucionar problemas viejos, y tiempo después descubrimos los nuevos lugares a los que nos puede llevar.

Es como ir en una nave espacial hacia universos desconocidos; al principio no dejamos de mirar a la Tierra por el retrovisor.

06

Páginas, correos y papel

Hablemos del efecto retrovisor: los primeros PCs con interfaz gráfica, el Xerox Alto, tenían un monitor vertical. ¿Por qué? Porque al inicio de la revolución digital pensábamos en hacer con tecnología las tareas de siempre. Pensábamos en papel, en documentos. Y a los primeros formatos de internet los llamamos:

páginas
archivos, carpetas
correos

Todo hecho de papel. Formatos antiguos, usos antiguos.

¿Creéis que cuando termine esta década, el email y las webs seguirán siendo como son hoy? ¿Seguirán pareciéndose, en formato, a sus antecesores?

07

La primera criba

Esto me lleva al primer gran cambio que vivimos en internet. La primera internet, esa de documentos, directorios y páginas, la diseñaban dos perfiles:

directores de arte y diseñadores gráficos
documentalistas

Los primeros querían proyectar en internet todos los códigos de las revistas de papel. Se pasaban el día hablando de tipografía, de composiciones imposibles, de Stefan Sagmeister y Macromedia Flash. El HTML les limitaba.

Los segundos venían de las facultades de periodismo y biblioteconomía. Para ellos internet era texto y un gran archivo de documentos, metadatos y ontologías que debía ser clasificado.

El primer golpe fue la web 2.0, más transaccional, más de hacer que de leer. El segundo fue la llegada del iPhone. Los directores de arte, viejas glorias de la publicidad de los 90, fueron los primeros en caer. Poco después, la mayoría de documentalistas volvió a los archivos y a las bibliotecas.

Internet había cambiado. Ya no era papel ni webs, ahora eran herramientas y apps. Ya no era textual, sino funcional.

Había llegado nuestro reinado, el de los diseñadores de interacción.

08

El reinado de la interfaz

El reinado de la interfaz empezó con el iPhone y Apple. Nuestra profesión floreció (en ese año nace el Programa Vostok) y nos formamos aprendiendo los códigos del diseño industrial.

Se produjo una síntesis, que es una de esas superaciones de antagonistas: internet y lo digital ya son comunicación y función a la vez.

Dieter Rams ganó a Sagmeister.

Siempre he definido el territorio de nuestra profesión como un espacio definido por usuario, contexto, dispositivo e interfaz. Los cuatro son interdependientes. Cambia una cosa en uno y cambiarán los otros, como en una ecuación de cuatro incógnitas.

La era del iPhone supone que el dispositivo es una constante, no una variable: todo se ve en pantalla, todo es táctil, todo debe poder verse en el rectángulo negro. No hay diferencias entre una smart TV, la pantalla de un Tesla o la máquina para pedir en McDonalds.

Todas las pantallas son ya un iPhone.

Cuando el dispositivo es constante, el usuario para el que diseñar y sus contextos son más variables que nunca. Qué emocionante, qué cantidad infinita de interfaces y servicios podemos diseñar.

09

Cada década contiene una revolución

Desde el nacimiento del ordenador personal, cada década contiene un cambio de paradigma:

El Xerox Alto y la interfaz gráfica en los 80
La World Wide Web y el hipertexto en los 90
Google y la web encontrable en los 2000
El iPhone y la web ubicua y funcional en los 2010
Lo conversacional de Alexa y Siri en los 2020

Y ahora, en nuestra década, la inteligencia artificial.

Súmalo todo y tenemos la internet…

personal
funcional
ubicua
verbal

… e inteligente.

Pero pensemos en cómo, a día de hoy, en pleno 2024, usamos las IA:

hazme un resumen
dame estos datos
escribe esto
dibuja esto
crea un vídeo donde aparezca lo otro

Las utilizamos como si fuesen empleados, esbirros que resuelven los viejos problemas del pasado mucho más rápido. Puro efecto retrovisor.

¿Cómo será cuando la nueva tecnología sea superior a la suma de sus partes, cuando la empleemos para retos que aún no hemos imaginado?

"An iPod, a phone, and an internet communicator."

Steve Jobs, 2007

Ahora mismo, alguien en algún lugar ensaya frente al espejo su keynote: "a computer, a voice agent, and an artificial intelligence."

10

La muerte de la interfaz

¿Os dais cuenta de lo importante?

El rectángulo negro ya está obsoleto. Descanse en paz.

Veámoslo en detalle: si el dispositivo se descorporeiza (ya no hace falta pantalla) y la interfaz deja lo gráfico para ser verbal, el esquema que llevo casi 20 años usando se cae…

Para algunos.

Los expertos en pantallas, wireframes y botones estáis a punto de ser despedidos. InVision es historia, Sketch está pudriéndose y Figma está a punto de morir.

Algunas de las personas que hoy están en esta sala son (¿somos?), profesionalmente hablando, cadáveres andantes.

No. No tiene ninguna gracia.

11

La superioridad de lo verbal

El lenguaje es la interfaz más antigua de la historia.

Existe desde que existe el homo sapiens. Los primeros registros de lenguaje escrito son de Mesopotamia, hace 3000 años, pero se cree que el lenguaje oral nació mucho más atrás. Hay cierto consenso en que fue hace 200.000 años.

Dicho de otra forma, llevamos 200.000 años empleando la misma tecnología para comunicarnos. Hemos inventado docenas por el camino, pero siempre han conducido al lenguaje. Parece que como especie no seamos capaces de inventar nada superior.

"En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios."

Capítulo 1, versículo 1º del evangelio de San Juan

San Juan equipara la palabra al acto: el verbo es lenguaje unido a acción. Igual que el diseño. Qué hermosa analogía, ¿verdad?

Pero veámoslo en detalle: como interfaz, el lenguaje natural, hablado, es claramente superior a las interfaces gráficas. Por varios motivos:

Es inmaterial, no ocupa átomos ni píxeles.
Libera al resto de sentidos, pues no requiere usarse junto a la vista o el tacto.
Es más accesible, no requiere saber leer ni escribir.
Tiene atajos (¡ea!, ¡uff!).
Tiene emotividad.
Tiene onomatopeyas, que lo hacen "visual".
¡Tiene musicalidad!

Además, el lenguaje es único e individual, es diferente en cada persona, lo que le aporta personalidad. En el lenguaje de cada uno de nosotros está nuestra propia firma.

Y tiene, en consecuencia, mucho más ancho de banda que cualquier otra interfaz que hayamos inventado.

Curiosamente, ni Alexa ni ChatGPT han incorporado aún, AÚN, ninguna de esas cualidades: ni personalidad, ni emotividad, ni atajos y onomatopeyas, ni musicalidad.

Seguimos usándolos para acelerar tareas que hacemos hoy en día, para solucionar viejos problemas.

Aún miramos por el retrovisor.

12

La IA y el contexto: Tim Ferriss y las flores

Timothy Ferriss cuenta en un libro cómo, hace muchos años, contrató a un asistente personal remoto: la empresa le asignó a un tipo en India. Todo se hablaba y se hacía por email.

En cierta ocasión, el asistente le dijo: "su mujer le ha escrito para decirle que sigue dolida por la discusión de anoche". Él le respondió: "dile a mi mujer que estoy hasta las narices de sus tonterías y que se puede ir al cuerno". Horas después, el asistente le escribió diciendo: "dice su mujer que siente haber estado irascible y que le han encantado las flores que le ha mandado".

¿Lo pillas?

¿Qué pasará cuando las IA sepan leer el contexto, cuando las crucemos con cámaras, GPS y otras tecnologías para que entiendan las situaciones y las circunstancias?

¿Qué pasará con nuestro esquema de usuario, contexto, dispositivo e interfaz, cuando empecemos a mirar a los planetas, cuando dejemos de tratar las IA como aceleradoras de viejas tareas?

13

Lo corpóreo y lo incorpóreo, lo visual y lo textual

¿Estamos diciendo que las pantallas han muerto? No. Lidiamos con muchas cosas tangibles en nuestro día a día.

El catálogo de Montgomery Ward necesitaba imágenes y seguiremos necesitándolas mientras necesitemos cosas.

También necesitaremos ver cuando la vista funcione mejor que el lenguaje, cuando necesitemos vistas agregadas, ver bosques y no árboles. Las visualizaciones de información, lo analógico, seguirán siendo necesarias. Además, el lenguaje es analítico, no sintético: cuenta linealmente, no da visión de conjunto. Ojo a esa limitación.

Pero hay otras muchas cosas, tareas, retos que no necesitan que miremos para ser resueltos:

Contratar un seguro, un viaje, un plan de telefonía…
Pedir un Cabify o reservar un vuelo.
… todo lo que Alexa y Siri deberían haber podido hacer hace tiempo.

Por seguir la terminología kantiana: pantallas para los fenómenos (lo tangible), voz para los noúmenos (lo abstracto y complejo).

Fijaos en algo significativo: el primer dispositivo dedicado a la IA que verdaderamente promete, el Rabbit, es de color sandía y tiene atributos muy vivos, una pequeña pantalla auxiliar y una figura que le da personalidad. No es casualidad que lo haya diseñado Teenage Engineering.

¿Tendrá razón el japonés y los dispositivos personales volverán a expresar nuestras personalidades?

Y dejo otra idea más:

McLuhan habló mucho, en La Galaxia Gutenberg, acerca de la diferencia entre sociedades orales y visuales: lo oral está más anclado en el momento, más anclado en la emoción. Tiene un emisor y un momento concreto. Lo escrito y lo visual es mucho más independiente del momento y más objetivo.

Volvemos a la idea anterior: en lo oral está la posibilidad de expresar mucho más.

En lo oral, el japonés vuelve al escenario.

14

Cierre

Quienes hoy diseñamos daremos forma a esas interfaces, a esos dispositivos. Decidiremos sobre su forma de hablarnos, su personalidad y sus rasgos.

Nos hacemos las mismas preguntas que se hicieron quienes creaban, en cada una de las revoluciones previas: la imprenta, la máquina de vapor, la electricidad, la radio, la televisión…

¿Qué podemos hacer y qué podemos contar?
¿Cómo podemos hacerlo y cómo podemos contarlo?

Un pie en las ideas y otro en la acción.

Eso es el diseño.

Y eso es exactamente la civilización: pensar y hacer.

No sé cómo será nuestra profesión en 10 años, pero sé una cosa: seguirá siendo la profesión más hermosa y emocionante de todas.

Muchas gracias.

· · ·

Estas ideas se enunciaron a principios de 2024. ¿Cómo te hacen sentir? ¿Qué crees que se está cumpliendo?